viernes, 25 de junio de 2010
La maldición de los tres minutos
La vida es muy injusta. Si una mujer se corre en tres minutos, tiene una suerte increíble (en ese sentido, yo he nacido con una flor en el culo); si lo hace un hombre... tiene un problema. Así de graciosa es la naturaleza.
Otra que la tiene pegada al culo es Erika. Ella prefiere la diversión al placer; así, cuanto más ridícula sea la "actuación estelar" del tío en cuestión (es decir, del virgen aleatorio nº1), mejor se lo pasa ella. No en el momento, claro está, pero una sola noche (o, más bien, tres minutos de esa noche) pueden proporcionarnos años de entretenimiento. Y sí, he dicho proporcionarnos, a nosotras y a cualquiera que esté dispuesto a escuchar porque, en sus palabras, "no tiene sentido hacerlo si luego no se puede contar". Así que Erika lo quiere, lo busca, lo consegue y se siente orgullosa de ello; y todos presumimos de aquello de lo que nos sentimos orgullosos.
Sobre Erika recae la maldición de los tres minutos. ¿Os acordáis del rey Midas, el que convertía en oro todo lo que tocaba? Bien, pues Erika, todo lo que toca lo convierte en eyaculador precoz.
El mejor de todos fue, evidentemente, Aitor. Se ganó su renombre, eso es indiscutible. El pobre lo tenía todo: el pelo graso, un abrigo que no se quitaba de encima ni para lavarlo (y como él no cabe en la lavadora... sacad conclusiones), era más femenino que la propia Erika, virgen y además, atención al detalle, al menos ese día llevaba gayumbos de rejilla. Todo esto culminado con los tres minutos de rigor. Y, para disipar las dudas, ni siquiera lo compensaba con el tamaño; más bien todo lo cotrario, eso no hizo sino ridiculuzar la experiencia aún más. Claro que más escandalizada acabó Nekane, porque el acto tuvo lugar en su habitación.
Momento inolvidable, sin duda, fue cuando él dijo "oh, Dios, mierda, necesito ir al baño". Qué situación. En fin, ahora es una frase mítica para nosotras. Curiosamente Erika pasó la semana siuiente con anginas.
Y de Aitor pasamos a Asier, un año casi exacto después.Tengo el dudoso honor de habérselo presentado yo (sí, yo también tuve mi momento Asier, pero no llegamos a mayores, afortunadamente para mí). Pensaba que sería un buen giro para Erika, porque él es un tío seguro de sí mismo, bastante orgulloso, tranquilo (pero sin ser un ficus) y algo sádco y muerto por dentro, vamos, todo lo contrario a los demás que habían pasado por las manos, o mejor dicho, por la entrepierna de Erika. Hasta ahí, todo parece aceptable. Sobre todo porque, por lo que él me daba a entender, tenía su experiencia y no poco aguante. Pero qué razón tienen los dichos populares... dime de lo que presumes y te diré de lo que careces. Y Asier carecía de seguridad, de ingenio, de experiencia, de aguante y si me apuras hasta de higiene (otro día hablaré de la importancia de limpiarse la minga después de).
En definitiva, nos defraudó a todos: a mí, que dejé de arrepentirme de no habérmelo tirado; a Erika, que a pesar de lo asexual que pueda llegar a ser, reconoce los fracasos de lejos; y probablemente a él mismo. Pero lo más triste del asunto es que Asier se reía de mí cuando yo llevaba dos meses sin sexo y él era medio virgen aún.
Además, después Asier me dijo, literalmente, que la amiga que le recomendé era un adefesio. Yaaaa, claaaaaro, y por eso le dijo a ella que estaba tremenda, y por eso se la benefició (porque el único que sacó beneficio fue él), y por eso tardó tres putos minutos de mierda en correrse!!! Venga ya, y yo soy monja por fe.
Después de eso, descubrimos que la vida es un bucle, o al menos la de Erika, porque la semana siguiente también estuvo con anginas. Para flipar.
Pero, al parecer, hasta las peores maldiciones pueden romperse. Y Erika ha roto recientemente su maldición de los tres minutos. ¡Por fin un buen polvo, amiga! ;-)
sábado, 12 de junio de 2010
Despechado busca pechos
Despecho. Ese sentimiento que tanto placer nos ha dado. Porque, ¿quién no se ha tirado a alguien por despecho alguna vez? Y es más, creo que puede llegar a ser muy sano, siempre y cuando se tengan en cuenta ciertas cuestiones:
1- Despecho no significa desesperación. Así que hay que escoger con criterio y sin una gota de alcohol en vena, para no correr el riesgo de despertarse al lado de un orco de Moria.
2- Nada de amigos. Nada de sentimientos. Mejor evitar involucrarse sentimentalmente sin estar preparado para ello.
3- La nueva conquista tiene que ser mejor que la causante del despecho. Y es que el sexo en estas situaciones tiene que servir para subirnos el ánimo y la autoestima y que tengamos ganas de volver al mercado; si consideramos a la actual peor que la anterior, habremos fracasado estrepitosamente y, lo peor: seremos conscientes de ello.
Pero vamos a lo que de verdad interesa: historias reales. Aingeru es el mejor amigo que se puede tener, pero como novio, no es para mi. Desgraciadamente, eso lo supe tras tropezar tres veces con la misma piedra (o más bien tirarme en plancha).
Cuando me dejó por tercera vez (de ahí lo de tropezar tres veces), sentí la necesidad inconsciente de desquitame de alguna manera. Entonces Paula me presentó a Mikel. Nos caímos bien, enseguida empezamos a hablar por el messenger y, entre una cosa y otra, a la semana estaba pasando la noche en su casa. De esta experiencia ya hablaré en otra ocasión, lo importante ahora es que, a pesar de haber sido el sexo menos bueno (no lo puedo calificar como malo) de mi vida, no pude haber acertado más.
Era justo lo que necesitaba, la prueba de que era perfectamente capaz de seguir con mi vida y, además, una pequeña venganza. Y es que Aingeru era (y es) bastante tradicional en ese sentido: el sexo siempre con amor. Sabía que eso le sentaría como una patada en el estómago, y eso era todo lo que mi subconsciente necesitaba para volver a la normalidad. Jamás supo nada de Mikel, no quería hacerle daño; sabía que no le sentaría bien y con saberlo me bastaba.
Al día siguiente, Nekane me presentó a Víctor. Ese mismo día supe que iba a acabar enamorándome de él. Y puedo disfrutar de nuestra relación gracias a que superé mi rencor hacia Aingeru con Mikel.
Y ahora, hablemos de hombres despechados. Mi amigo Igor es uno de ellos. Por lo que sé, creo que cada vez que parece que las cosas van bien, le ponen los cuernos.No sé si porque le ha mirado un tuerto o porque sólo se fija en guarras infieles, no lo tengo muy claro. Él es otro ejemplo de los beneficios del despecho.
La primera infidelidad de la que tengo constancia le sumió en un estado autodestructivo del que tardó un poco en salir. Ahora, haciendo honor al título de esta entrada, le ha dado por ir en busca de pechos (cuantos más, mejor). No sé si ha decidido que es mejor olvidarse de todo y pasar página o sólo que se ha hartado de ser él el engañado. La cuestión es que esta reacción nos beneficia a todos: a él, que vive más feliz; a sus amigos, que no tienen a un tío depresivo al que controlar; y a mí, no sólo porque me ha dado un tema sobre el que escribir, sino porque, además, se viene de fiesta por donde salgo yo y se ha empeñado en emborracharme.
Así es la vida, y así de perra soy yo. Para mí sus cuernos sólo se traducen en ¡¡¡vodka gratis!!!
lunes, 7 de junio de 2010
Flores y capullos
Mi amiga Paula siempre ha dicho que tiene una lista de capullos y va tachando. Y es que hay personas que nacieron sin suerte en el amor; esta pobre ha ido de capullo en capullo, aunque ahora parece que ha encontrado su flor.
Pero a pesar de que estos capullos pueden resultar más molestos que un grano en el culo, también tienen sus ventajas. Cuando lo que buscas es divertirte sin compromisos y sin tener que preocuparte por si se colgarán por ti (los moscones son taaaaaaaaaan pesados...), la mejor opción es un capullo. Así, de paso, haces una labor social, evitando que el tío en cuestión haga daño a una pobre chica que vaya en busca de una flor.
Lo único peor que ser puteada por un capullo es que te florezca uno. Y a mí me florecen los capullos. Definitivamente, Paula y yo deberíamos intercambiar agendas.
El mejor ejemplo de esto es Alex. Me lo presentó Paula. Era el clásico capullo: en busca de tías buenas, prometer para meter y después de haber metido olvidar lo prometido... Al principio pensé que no tenía posibilidades, porque hablaba demasiado con una chica... Luego resultó que eran amigos de toda la vida y hablaron sobre mí.
Él era bastante mayor que yo y un capullo empedernido; razones más que suficientes para que yo estuviese más caliente que un horno. El caso es que para cuando me di cuenta, estábamos fuera del bar besándonos como animales en celo. Cuando me empotró contra la pared ya fue demasiado... Paula jura que me encontró trepando por la pared, a mí no me preguntéis...
Al rato, Alex va y me dice que le he hechizado, que le encantan mis besos y que si me interesa algo más serio. Le dejé bien claro que NO y rechacé su invitación para ir a su casa. Si ya estaba en ese plan sólo por mis besos, no quería ni pensar qué pasaría si me lo tiraba. Quedé un par de días más con él, pero pronto encontré una diversión mejor. A estas alturas de la vida, aún me da la murga de vez en cuando, pero en fin, prácticamente soy de pueblo, sé espantar moscas cojoneras de un manotazo.
La siguiente (y última) vez que le vi fue el día del orgullo, ese mismo año. Él estaba cruzando el puente del Arenal cuando el desfile pasaba por allí, y yo estaba con Rocío y un par de colegas más corriendo y saltando por debajo de la enorme bandera arcoiris. Me divertí mucho más viendo la cara que puso al verme que durante todo el tiempo que había estado con él.
miércoles, 2 de junio de 2010
Surra de bunda, o cómo hacer que un hombre desee la muerte
Yo iba a hablar sobre otra cosa, pero es que hoy en Sé lo que hicísteis han sacado un vídeo semejante a este que aparece a continuación que me ha impactado mucho, así que he decidido que lo demás puede esperar. Primero, os dejo el vídeo...
Aunque a estas alturas parece que sobran las palabras, yo, como de costumbre, me empeño en hablar. Y es que estas Brasileñas me han sorprendido profundamente con este método de tortura de lo más sofisticado y completo.
Para empezar, incluye tortura acústica. Esta música celestial sólo es comparable con la genial Tata Golosa, eso es indiscutible, vamos. Además, después de asfixiarle entre las nalgas y abofetearle con las ídem... ¡¡¡le aplasta los huevos!!! Sí señor, de un golpe seco, sin miramientos, como debe ser.
Claro, que ahí no queda la cosa. Una mente perversa se comerá una cazuela entera de fabada antes de llevar a cabo esa tortura. Y alguien realmente sádico, rematará la faena ingiriendo cantidades de laxante como para tener a un elefante cagando durante 10 días seguidos.
Imagino que también se podría probar con una víctima de sexo femenino, pero me parece más complicado; primero, porque desquiciar a un tío es más divertido y motiva más, segundo porque no conozco a ninguna mujer tan lerda como para quedarse quietecita para que la abofeteen con un culo, y tercero porque una mujer no tiene huevos que convertir en papel de fumar.
¿Qué, chicos, aún seguís con ganas de que os restrieguen un culazo por la cara? Desde luego, yo espero por vuestro bien que jamás me pidáis que haga esto, porque yo sería de las del laxante.
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